Susurros en la madrugada

Cuc-cut.

Otra vez Invocada por el fuego de mis ojos.

¿Te creíste que no volvería? ¿Qué el giro de un reloj silenciaria las caricias de este piano? Cómo fuiste de iluso. No hace falta que te cuente nada, sabes mejor que nadie cómo funciona esto.

Me surge, me requiere, me llama. Dueña de mi alma poseedora de mis noches. ¿Para que?

Ni máquinas, ni luces ni público. ¿Creíste dominar la soledad? Tan ligero se vuela, cómo cómodo se duerme cuando uno aletea libre; que poco disfrutó esta mariposa antes de recibir caza.

      Crecí y amé, ¿Que más quieres de mí?

El alquimista murió, pero las palabras nunca perecieron. ¿Lo recuerdas?

Ya nada pesa aquí. Quemé castillos, armé coraje y viví así. Este indómito esclavo rompió sus cadenas y sólo le debe a su manada.

¿Mojando apuntes, olvidando hermanas y doblando espaldas?

Luchando primaveras, portando aliento y lamiendo senos.

Sólo es cuestión de tiempo…

¿Crees que me preocupa el porvenir? Sé cuan efímeros son los caminos, cuanto pesan los recuerdos y que profundos calan los deseos.

Ya volverás.

A nada temo más que a mi fracaso, y, aun así, sé cuan arropador puede llegar a ser. Y si cayera de nuevo, no lo dudes,

allí estaré.