Tras de si

Y así se vió, otra vez, rebrotando callejones que yacían sin luz. Fue tan fácil como recordó: subir la mirada, abrir el alma y personar a través de sus latidos.

Detrás de Cassiopea, caminó lento para llegar lejos. A cada paso, sintió como desfallecían y caían los veloces pensamientos tras de si. Las oxidadas tuercas se fundieron por el aceite de ese motor, y poco a poco, fue desmembrándose su coraza dejando al descubierto aquello más puro. Un curioso infante que no le importó ir vestido de mayor, que, desafiante ante el frío, se perdió para respirar del húmedo aire, cobijarse entre desordenadas maderas y lanzarse a bucear escritos y fantasías.

Abriendo y cerrando capítulos cómo quien de papeles hizo montañas, dibujó caminos para regalar momentos a quien bien le amó, no le juzgo y su corazón guardó.