Iris



Conocíamos mejor que nadie la plenitud que genera la ausencia autodeterminada, y por ello, cumplíamos para volver a coronar el zenit a cada anochecer.

Juntas, jugábamos en la oscuridad a multiplicar facetas hasta hacer miles de partes para conseguir revertir y crear una sola de todo nuestro universo.

Entre arena, árboles y el vaivén de las corrientes, yacíamos anotando cada línea y surco de la piel hasta trazar un mapa en el que no se perdía detalle.

Vuelvo a anhelar las conclusiones, y entonces, tu recuerdo nace en cualquier esquina y se apodera de mí hasta forzar mis ojos en un crudo intento de sorprender a la casualidad.

Pero nada funciona cuando fuerzas sus funciones, y tan solo queda esperar danzando a la banalidad hasta que la necesidad nos vuelva a juntar.